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Julio Cortázar, la copa de vino y la hoja en blanco

Publicado el 16 Ee septiembre Ee 2014 a las 22:00

Si hiciéramos una lista de gente inmortal en primer lugar debería estar Julio Cortázar. Cada aniversario sus letras cumplen años y siempre lamentamos no tenerlo aquí; deseamos, por lo menos, que nos hubiera durado un poco más. Cortázar es releído por miles de personas alrededor del mundo; cada nueva generación toma a Rayuela como si fuera su Titanic personal. Si Julio viviera y supiera a cuántos jóvenes ha moldeado su literatura estoy segura de que sonreiría mientras levanta su copa de vino.

La vida, obra y hasta la muerte de seres superiores y “mágicos” siempre dará de qué hablar. Julio fue más querido y reconocido por sus obras literarias que por sus posturas políticas controversiales, aunque éstas lo hayan llevado al autoexilio. Vivió en París, en su querida rue Martel, y pocos meses antes de morir la nacionalidad francesa le fue otorgada. Unos dicen que es europeo, otros que es argentino. Lo cierto es que Julio murió en París y fue de todos.

 


-Estoy muy harto de mi cuerpo, Mario-, le dijo Cortázar a su amigo Muchnik en enero del 84. ‘La verdad es que estoy bastante desesperado’. Tenía tanta vida que se encargó de demostrar que él también podía morir, como sucede en Continuidad de los Parques.

La extrema delgadez y la fatiga continua que mostraba fueron signos de una enfermedad que lo derrumbaba desde hacía mucho tiempo. Él lo sabía, sabía que estaba muriendo. Primero fue una hemorragia estomacal que lo llevó a una transfusión masiva de sangre, la que posteriormente le significó múltiples recaídas. A Julio le cambiaron la sangre y no volvió a ser el mismo.

La enfermedad aún no tenía un nombre específico, la diagnosticaron como ‘pérdida de defensas inmunológicas’. La misma que un año antes había matado a Carol Dunlop, su última mujer. El informe oficial indicó que había muerto de un cuadro de leucemia.

Cortázar decidió hacer una última visita a Argentina en diciembre del 83, la primera después de diecisiete años. Su estancia no duró más de una semana y regresó a París a morir. Diez días estuvo en el hospital Saint Lazare. No tenía apetito y se negaba a probar cualquier cosa que tuviera sabor. El París de sus novelas seguía vivo afuera mientras él dormía en una cama de hospital.

El 12 de febrero de 1984, al medio día, Julio Cortázar murió. Fue llevado a su casa y velado ahí, en el mismo lugar donde había más discos que libros, y sus amigos esperaban sentados en la sala. Sus últimos momentos parecían sacados de uno de esos cuentos en los que, discreta y silenciosamente, la huella de la muerte estaba presente, como si hubiera querido homenajear a Edgar Allan Poe.

 


 

Una sola fotografía del entierro donde se ve a Manuel Pereira y a una mujer de espaldas mientras un enterrador escarba la tierra y dos árboles anuncian el terrible invierno parisino, son los únicos testigos que quedan de ese fatídico día. Enterrado junto a la tumba de su mujer, y a unos cuantos metros de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, su cuerpo descansa en el cementerio de Montparnasse.

Como dice el poema de Luis Rogelio Noguera:

…Qué tipo de discurso

qué tipo de poema

qué tipo de ceremonia vendría mejor para hablar de ti

qué tipo de muerto ilustre en el que fatalmente te has convertido…

Para los arqueólogos de los cronopios, en Internet se puede encontrar una grabación en la que se escucha a Julio decir en perfecto francés: ‘Julio Cortázar no se encuentra en casa por el momento. Si lo desea, puede dejar un mensaje después de oír la señal’. Era el mensaje en su contestadora. Aún después de muerto, y de una manera fantasmagórica, parece que Cortázar dejó un último mensaje al mundo: que le sigan llegando recados. Cuando necesites decirle algo, escucha ese mensaje y déjale tu recado por escrito. A él le hubiera gustado. O, si pasas a visitarlo a su tumba, no te olvides de llevar una copa de vino, una hoja en blanco o dejarle un boleto del metro con una rayuela dibujada.

 

cortazar

 

30 años después, seguimos recordando a un hombre quien descontracturó el mundo como lo conocíamos y que abrió puertas a lo infinito y lo fantástico.


Categorías: Poesia, Historia

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