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Aquellos años del boom, García Marquez y la verdad elastica

Publicado el 28 Ee diciembre Ee 2014 a las 23:05

Casi mil páginas requirió el periodista catalán Xavi Ayén para construir lo que podría ser considerado el libro definitivo sobre el movimiento más importante de la literatura en castellano durante el siglo XX, que se abrió al mundo desde Barcelona entre 1967 y 1976. Aquellos años del boom, editado en nuestro país por RBA, es el resultado de una década de investigación a cargo del profesional de La Vanguardia, autor también de Rebeldía de Nobel, libro que reúne entrevistas a 16 premios Nobel de Literatura y que ha sido traducido al árabe, el turco y el portugués. Entrevistas con los protagonistas y documentos hasta ahora desconocidos dan sustancia a un trabajo que ha merecido el Premio Gaziel de Biografías y Memorias 2013 y que reconoce un sistema que entre el azar y el amor a la literatura unió a escritores con agentes literarios y a estos con los lectores. “Vargas Llosa grita los goles de su compatriota Hugo Sotil en el Camp Nou; García Márquez es confundido con un mecánico cuando lleva su coche de lujo a una gasolinera; Carlos Fuentes memoriza el perfume de las mujeres con las que baila; Carmen Balcells regala idénticos bombones a los miembros de la Academia Sueca y a sus secretarias”, son sólo algunos de los muchos apuntes que ayudan a delinear un universo irrepetible y que ha dejado clásicos en español para la literatura universal. “El boom, aunque algunos aún nieguen su existencia, no es cualquier cosa, sino muchas. Una amalgama apasionada y vital en la que todo se mezcla: es un estallido de buena literatura, un círculo cerrado de profundas amistades, un fenómeno internacional de multiplicación de lectores, una comunidad de intereses e ideales, un fecundo debate político y literario, salpicado de dramas personales y de destellos de alegría y felicidad”, dice Ayén.

El autor comienza por el fin, cuando da cuenta de lo que considera el término del movimiento, contando aquella vez que Elena Poniatowska corrió del Palacio de Bellas Artes en busca de un filete que le bajara la hinchazón al ojo de su amigo Gabriel García Márquez. Era 1976. Mario Vargas Llosa le había propinado una sonora trompada al autor de Cien años de soledad. Habría sido un asunto de faldas el que hizo explotar el boom. Y disolverse por los aires. –¿Has notado que el boom no concentra simpatías unánimes y que más bien en los principios del siglo XXI desata muchas polémicas? –Sí, de hecho hay gente muy prestigiosa que ha llegado a afirmar que el boom no existe ni ha existido jamás, o sea que a lo mejor hice un libro de casi mil páginas sobre algo que no ha existido (risas). Creo que existe por una razón básica que tiene que ver con que al menos sus cinco miembros indiscutibles se reconocen como parte del boom, asumen la etiqueta y dan cuenta de quizás el último grupo literario que ha habido. No en el sentido clásico de los movimientos literarios históricos, pues en el boom no hay como en el modernismo una estética común, no tienen nada que ver los libros de unos con los de los otros, pero sí que actúan como lo que hoy llamaríamos un “lobby”, son amigos, vecinos, viven todos en Barcelona en el mismo barrio o cerca, participan juntos en revistas, tienen proyectos comunes, planean libros como los de los dictadores, para que cada uno escriba un libro sobre el dictador de su país. García Márquez y Vargas Llosa planean una novela a cuatro manos sobre la guerra entre Colombia y Perú, comparten una agente literaria (Carmen Balcells), se ven todos los años en La Habana y conforman un grupo que en México, por ejemplo, fue descrito como “La Mafia”. La historia del movimiento literario más importante del siglo XX.

Un movimiento literario que liquidó en nuestros días Roberto Bolaño, él solo frente al grupo… –Después del boom sólo ha habido Roberto Bolaño, efectivamente, pero él generacionalmente es muy posterior. Para mí, el boom como grupo deja de operar a finales de los ’70; aunque todos ellos sigan publicando novelas ya no actúan como grupo en el sentido del que me ocupo en el libro. –En parte por la pelea histórica entre Vargas Llosa y García Márquez… –Sí, en parte por eso, en parte por Cuba y por el caso Padilla de 1971 y en parte también porque dejan de ser vecinos y se dispersan. García Márquez regresa a México, Vargas Llosa al Perú y dejan de verse con la constancia de antes, cuando se veían casi cada día. –Cuando Fuentes y García Márquez fundaron la Cátedra Cortázar en la UDG, a principios del 2000, quizás hubo una rémora de aquello…Lo que no sé si sea tan definitivo es eso que dices que no los unía una estética… –Sí, es verdad, todos querían hacer la novela total, Cortázar tal vez no… –Aunque la hizo… –(risas) Sí, no quería pero le salió. Todos tenían la misma idea de trascendencia en torno a la literatura, eso sí que lo compartían, pero lo que quiero decir es que los resultados de esa misma visión fueron radicalmente distintos. Por eso no hay armonía estética en el boom latinoamericano. Uno de los grandes errores y que lamentablemente está muy arraigado es el de identificar al boom con el realismo mágico. Si miras bien sus obras, no puede decirse que ese sea un rasgo común a ellos. –Y del boom a menudo se lamenta la ausencia de autores

contemporáneos importantísimos como los uruguayos Juan Carlos Onetti y Felisberto Hernández o el mexicano Juan Rulfo… –Es que el componente personal es importantísimo para la conformación del boom. Todos esos autores que citas podrían haber formado parte del movimiento si hubieran vivido por ejemplo en esa época en Barcelona. –O si Carmen Balcells los hubiera representado… –Exacto. La conformación del boom es azarosa. Consistió en ese grupo de amigos que se veían todos los días. Junto con Los nuestros, de Luis Harss, el libro de Ayén se constituye en un material imprescindible para entender el boom latinoamericano. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo –Hay también una característica de géneros, son tipos muy machos… –Efectivamente es así, al punto de que todos tienen, con excepción de Julio Cortázar, el mismo tipo de esposa, es decir, mujeres que se consagran totalmente a que ellos puedan escribir. Ellos solo se tienen que ocupar de su creación y todos los asuntos domésticos quedan en manos de sus mujeres. –Tu libro parece una continuación del maravilloso Los nuestros, de Luis Harss –He hablado con Harss por teléfono y ha sido por cierto muy interesante para mí.

La primera vez que se escribe la palabra boom es en un texto suyo que aparece en la revista Primera Plana. Y le pregunté de dónde había sacado la palabra y me contó que acababa de leer un artículo sobre el boom de la economía italiana que le inspiró para escribir su artículo sobre el auge de la literatura latinoamericana de aquella época. –El boom quedó para la literatura puesto que nunca más la economía italiana vivió un boom… –(risas) Sí. Es curioso porque el libro de Harss se escribió en inglés, con el título Into the mainstream. Fue un encargo. Al traducirse al español lleva el título Los nuestros por sugerencia de Paco Porrúa y a disgusto de Harss que lo consideraba demasiado futbolero, algo vulgar… –Pero Paco Porrúa acertó… –Claro que acertó. Nadie se acuerda ya de Into the mainstream, pero sí de Los nuestros. Lo bueno de Harss es el humor. En el capítulo 14 explica toda la odisea que vivió para ir de un autor a otro.

Se trata de un hombre al que todos tenemos como dueño de un olfato impresionante para captar lo que sería el boom latinoamericano, el movimiento más trascendente de la literatura en español. Pero él lo explica con una modestia absoluta. Dice: intenté ver a este pero no me recibió, entonces Cortázar me dijo que fuera a ver a Vargas Llosa a quien yo ni siquiera conocía… Si lo escuchas a él, te parece que Los nuestros fue fruto total del azar y de quien le abría o no la puerta a Luis Harss. –¿Es la tuya la mirada de un catalán, es decir, la de alguien fruto de una industria editorial muy dominante en el siglo XX? –He intentado dar cuenta de todo lo que sucedía no sólo en Barcelona, sino también en La Habana, Distrito Federal o Buenos Aires en torno al boom. También es cierto que soy de Barcelona, que Carmen Balcells vive a unas pocas cuadras de mi casa y que ha sido ella la que me ha proporcionado una serie de documentos que habían permanecido desconocidos hasta ahora. Por ejemplo, hay una foto del último abrazo que se dan Vargas Llosa y García Márquez antes del puñetazo y que forma parte del archivo personal de Balcells. Soy periodista y lo que hice fue un reportaje o una crónica, por usar una palabra que ahora está más de moda, intentando aportar cosas nuevas. Me he pasado mucho tiempo intentando descubrir cuáles de las cosas que se dicen en torno al boom latinoamericano son ciertas y cuáles no. Mi libro es el resultado de esa investigación. –¿Puedes contarnos algo llamativo? –García Márquez ha contado que envió el manuscrito de Cien años de soledad en dos partes porque no le alcanzaba el dinero para las copias y eso lo desmiente Paco Porrúa, quien dice que en realidad el manuscrito le llegó entero, en un solo paquete. Digamos que cuando Gabriel García Márquez quiere dotar de belleza a una historia, nada lo detiene, ni siquiera la verdad.

 

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Categorías: Poesia, Novela, Historia

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