Olanchito Literaria

Literature & Poetry of Honduras

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Lecturas

Francisco Sanchez (Marco Tulio Miró

Nació en Olanchito en 1912. Realizó sus estudios primarios en su pueblo natal, y los secundarios en La Ceiba. Trabajó como maestro en Islas de la Bahía, pero tuvo mayores inclinaciones para el cultivo de versos exquisitos,  y para el ejercicio del periodismo. Fue jefe de redacción del semanario Orientación en La Ceiba, e iguales funciones  desempeñó en el Diario del Norte de San Pedro Sula. Publicó en 1968 el libro Mástiles. Falleció en Illinois, E.U. a el año del 2002.

Romance del niño muerto

De lejos vino la madre
por su camino de angustia
con un puñado de carne
reventándose de fiebre.
Eva Hernández, Eva Hernández,
quiero que sepan tu nombre
de aldeana fuerte y erguida
como un pino en la colina.

Quién sabe por cuántos días
tu develo se hizo misa
en la covacha sin lumbre
junto al lecho del enfermo.
Carmindo, así se llamaba
y en su rostro tú mirabas
tu propio rostro de aldeana
transfigurado de estrellas.

Eva Hernández, Eva Hernández,
cómo te dolía el niño
devanándose  de fiebre
cabe a la entraña de amores.
Por eso dejaste el hato
por eso tu fuga loca
entre soles y neblinas
entre quebradas y bosques.

La ciudad te vio una tarde
llegar con el hijo a cuestas
oprimiéndose a tu pecho
con un aliento de fuego.
Tu cruz se hacía ligera
porque  eras tú misma en llanto
tocando puertas de acero
y corazones de hielo.

Nadie oyó tu voz diluida
hecha plegaria sangrante
pegada al quicio impasible
de aquel refugio del pueblo
y tú burlada, burlada,
te fuiste a errar por calles
con aquella carne en ascuas
retocándote las venas.

Eva Hernández, Eva Hernández,
tu angustia partió la noche
y se filtró en las estrellas
contagiándolas  de llanto
cuando tumbada en la acerca
llegó el  ángel de la muerte
y se hizo hielo a tu lado
en el rostro de Carmindo.

Al regresar  a la aldea
ya sin el niño en los brazos
pero de lágrimas llena
la choza se hizo más sola.
Carmindo dijo el arroyo
Carmindo dijo el barranco
Carmindo  dijo la aurora.
Atrás la ciudad en fiesta
con sus máscaras y luces
con salones y hospitales
envejecía sin gloria.
Atrás quedaba un recuerdo
sobre la acera enlutada
donde la noche vencida
fue a mortaja de un niño.

 

Poemas de Livio Ramirez

Morazán
1792-1842


General: Neruda dice
Que la noche de su país es alta,
Pero que usted vigila.
Desde que lo enterraron
Unos maricas josefinos,
Usted ha vigilado suficiente.
Desde  que lo enterraron
Y lo desenterraron,
Usted ha sido un hombre.
Sálgase ya del bronce, General.
Asuma el mando.
Comience a cabalgar entre estos pinos
Antes que la ignominia se extienda por completo.


Estatua del sabio Valle
A Ibrahim Puerto Posas
En memoria


El sabio Valle
encerado en un parque encerrado.
El Sabio Valle
rodeado de soldados
con armas y  escudos anti-motines.
El Sabio Valle
con la cabeza llena de luz,
pensando:
“El país del error”,
el país del horror.
Palabra
Una palabra cubre la ciudad
una palabra asciende entre las nubes
una sola palabra opaca el sol
Plaza Morazán
La poesía subiendo a los ojos del héroe
la poesía
borrando el abandono que crece sobre el bronce
la poesía
despertando los cascos del caballo guerrero
para que ardan de nuevo
y otra vez nuestro padre
salte sobre septiembre:



Molina:


escribir entre las patas de los caballos
que lanzan contra vos,
escribir sobre los horrorosos papeles de cobranza,
escribir cuando los odios municipales
ya corroen las puertas de tu pequeña casa.
Escribir cuando “eso no vale nada,
no sirve para nada”;
como dicen tus, nuestros enemigos.
Escribir y no soltar la mano ni la pluma clavada
en el centro del odio.


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